Ediciones

Edición #2 abril 2020

Cooperativismo y Coovid19

  • Liquidez y Solvencia  -

Qué fácil es perder el norte cuando las bolsas de valores se tiñen de rojo, cuando explotan las pérdidas de las sociedades anónimas, cuando se rebajan las calificaciones de riesgo y cuando los líderes de los países ricos anteponen una cuota de mercado, su riqueza personal o sus ambiciones políticas a la protección de la vida e integridad de la población.

Y qué fácil es reivindicar el modelo de negocio del sector solidario cuando el mundo clama por la ayuda mutua, cuando...

Ver más

Edición #2 abril 2020

Cooperativismo y Coovid19

  • Liquidez y Solvencia  -

Qué fácil es perder el norte cuando las bolsas de valores se tiñen de rojo, cuando explotan las pérdidas de las sociedades anónimas, cuando se rebajan las calificaciones de riesgo y cuando los líderes de los países ricos anteponen una cuota de mercado, su riqueza personal o sus ambiciones políticas a la protección de la vida e integridad de la población.

Y qué fácil es reivindicar el modelo de negocio del sector solidario cuando el mundo clama por la ayuda mutua, cuando las democracias velan de nuevo por los desvalidos, cuando el gasto oficial se direcciona hacia los segmentos más vulnerables, cuando las empresas distribuyen parte de sus beneficios entre los más necesitados y cuando las políticas públicas se enfocan de nuevo en lo fundamental: la satisfacción de las necesidades básicas del ser humano.

En este contexto es claro que la oferta de valor del sector solidario y el papel llamado a jugar en el escenario de pandemia depende de la capacidad que tenga para abstraerse de los problemas que afectan hoy en día a las sociedades anónimas y de las fortalezas intrínsecas de su modelo de negocio en las dos dimensiones fundamentales de cualquier empresa: la liquidez y la solvencia.

Sea lo primero indicar que las cooperativas no emiten acciones, no cotizan en bolsa, ni suelen estar calificadas por una agencia debido a que su objetivo misional no es generar un flujo de caja futuro que maximice el capital de sus dueños. Por estas razones las organizaciones solidarias – a diferencia de las sociedades anónimas - no disminuyen su valor conforme se desploma la expectativa de lucro de los grupos de interés de las empresas en un escenario de pandemia.

En su quehacer cotidiano las cooperativas financian los gastos de consumo de las familias, distribuyen beneficios en especie dentro del ejercicio contable, generan excedentes suficientes para formar capital propio y remuneran el capital con un tope equivalente a la tasa anual de inflación.

No tienen necesidad de acudir al mercado de capitales ni de someterse a un proceso de calificación de riesgo puesto que sus dueños las fondean quincenalmente, cada vez que el descuento de nómina del asociado alimenta el pasivo y el patrimonio de la cooperativa. No dependen del ánimo o del apetito de riesgo de un inversionista extranjero y hace mucho tiempo no reciben fondeo del sector oficial.

Este fondeo autónomo, no articulado en torno al ánimo de lucro de los grupos de interés es la principal razón por la cual el cooperativismo se desmarca de la crisis de valor que actualmente padece la sociedad anónima y es el atributo que hoy le da plena vigencia como modelo empresarial alternativo.

Naturalmente, lo anterior no significa que las cooperativas estén exentas de riesgos. Por esta razón se hace necesario el análisis de la liquidez y de solvencia, inherentes al modelo de negocio y del estado del arte del sector en estos dos frentes.

Solvencia

Dado que el tema de la liquidez lo abordamos en esta segunda edición de la revista en la sección “Coopmetrics”,  nos vamos a centrar en el tema de la solvencia, aspecto que afortunadamente ha sido el foco de atención del Comité de Basilea,  con un largo proceso de aprendizaje fruto de los numerosos episodios de crisis que ha sufrido el sector financiero en su larga historia.

En primer lugar debe destacarse que la regulación proferida por el Comité de Basilea busca como objetivo principal que el capital de las entidades que prestan servicios financieros no se destruya en la fase de contracción del ciclo económico (muy a lugar en un escenario de pandemia).

Con miras a evitar la reducción del patrimonio en plena recesión económica lo primero que hizo Basilea fue dividir el capital en dos categorías. En la primera clasificó las partidas patrimoniales estables en el mediano y largo plazo que no se desvanecen con la contracción económica, valga decir, el capital suscrito y pagado y las reservas. En la segunda categoría clasificó las cuentas del patrimonio que sí son susceptibles de esfumarse como lo pueden ser las valorizaciones de los bienes raíces.

Hecha la clasificación, Basilea introdujo el concepto de patrimonio técnico como la suma de los dos grupos con una restricción muy importante que consiste en que el patrimonio que se degrada con el declive económico computa dentro del patrimonio técnico hasta por un valor equivalente a las partidas que componen al capital que es independiente del ciclo económico. De esta manera se evitó que el cálculo del patrimonio técnico incluyese partidas que se vuelven espuma cuando se desploma la economía.

El segundo gran acierto de Basilea fue haber ponderado el riesgo de los activos de las entidades financieras. Esta práctica marcó una enorme diferencia respecto a la usanza anterior de exigir un tamaño de patrimonio mínimo establecido con base en el monto de los pasivos de las entidades para con el público (relación de apalancamiento).

Famosas fueron las numerosas quiebras de bancos europeos que cumplían a cabalidad con las denominadas relaciones de apalancamiento. Al ponderar los activos por los factores de riesgo Basilea pudo discernir entre el bajo riesgo que tienen el efectivo o las inversiones y el elevado riesgo que emana de la cartera de créditos.

Calculados el patrimonio técnico y los activos ponderados por nivel de riesgo Basilea introdujo la famosa relación de solvencia exigiendo que la participación del primero sobre el segundo fuera mínimo del 8%. Con ello se garantizó la suficiencia del capital respecto al tamaño de los riesgos de financieros asumidos por los establecimientos de crédito en un contexto de recesión económica.

Si bien es cierto que tras la crisis internacional de 2008 este concepto sufrió modificaciones, le debemos a Basilea y a las Normas Internacionales de Información Financiera (NIF) que hoy en día las cooperativas de ahorro y crédito tengan relaciones de solvencia promedio que oscilan alrededor del 23%, muy por encima del 8% que se exige a nivel internacional, muy por encima del 9% que se exige en Colombia y muy por encima del 15% que tiene actualmente la banca tradicional local.

Ese 23% de solvencia - que es el fruto de los esfuerzos que hicieron las asambleas y los asociados cuando bajo la presión de Basilea y de las NIF se incrementaron los capitales mínimos irreductibles – representa un colchón de incalculable valía ahora que la pandemia pone en entredicho la solvencia de las empresas a escala global, independientemente de su forma de organización.

A los escépticos les encomendamos un par de tareas: indagar con la cooperativa el monto de las pérdidas que resiste la entidad para que su relación de solvencia converja hacia el 15% de los bancos colombianos y hacia el 9% mínimo que exige la regulación colombiana. Y averiguar el margen de resistencia que tiene la cooperativa para soportar una caída adicional en las tasas de interés del crédito de consumo, especialmente teniendo en cuenta que el Banco de la República redujo recientemente la tasa de interés de intervención de 4.25% a 3.75%, con lo que bajó un escalón y les puso un nuevo piso a las tasas de interés de mercado.

Aunque nada sabemos ni nosotros ni nadie sobre el curso futuro de la pandemia en términos de su duración y severidad y aunque por esa misma razón no se pueda dar un parte de victoria en lo que respecta a la solvencia de las entidades, sí podemos afirmar que existen métricas que las hace dignas de recibir la confianza y los recursos de los asociados.

Que vivan los excesos de liquidez y de capital, pues esas son dos características muy importantes para transitar por el escenario de pandemia y porque esa fue precisamente la foto que presentó el sector al cierre de 2019. En la estrategia de comunicaciones que deberían activar las cooperativas hacia su base social y hacia sus partes interesadas no pueden faltar estos dos importantes elementos.