Modelo bajo presión

El análisis del desenvolvimiento del cooperativismo financiero durante los dos últimos años deja entrever algunos patrones que han pasado de la anécdota coyuntural a la tendencia estructural. La pérdida de velocidad en el crecimiento de las cooperativas frente a otros actores del sistema financiero y el decreciente ritmo de expansión de los excedentes son tendencias sintomáticas de un quiebre en el dinamismo y desarrollo del modelo cooperativo.

Si bien existe una multiplicidad de razones que pueden explicar esta circunstancia, creemos que uno de los factores que tienen mayor incidencia sobre el devenir de las cooperativas es la reducción sistemática que viene experimentado la tasa de interés del crédito de consumo en Colombia, la cual pasó de 19.4% en 2017 a 16.7% en 2019 según los informes del Banco de la República.

Esta tendencia despierta aún mayor interés si se tiene en cuenta que la caída en la tasa de interés de la cartera de consumo se dio en medio del largo período de estabilidad que ha tenido la tasa de intervención del Banco de la República. Mientras que el Emisor mantuvo constante la tasa de política monetaria en 4.25% entre abril de 2018 y el cierre de 2019, la tasa del crédito de consumo pasó de 18.2% a 16.7% en el lapso referido.

Tres métricas Foco

El impacto de esta tendencia sobre el sector cooperativo es fuerte debido a tres razones: la cartera de créditos aporta el 90% de los ingresos de la cooperativa, el segmento de consumo tiene una participación del 82% en el total de la cartera y el asociado típico tiene con la cooperativa menos del 40% de su endeudamiento total. Las dos primeras métricas apuntan en la dirección de una menor rentabilidad de la operación de las cooperativas y la tercera a las claras muestra la competencia que emana de las tasas remuneratorias que cobra el sector financiero tradicional sobre sus operaciones de consumo.

Sobre la hoja de balance esta dinámica se ha traducido en el surgimiento de excesos de liquidez que se han venido profundizando en el curso de los dos últimos años. El inevitable crecimiento del disponible y de las inversiones a tasas más elevadas respecto a la expansión de la cartera de créditos inexorablemente ha generado costos de oportunidad que le restan dinamismo a los excedentes.

¿Cuánto ha costado el exceso de liquidez?

Con base en la información que publica la Superintendencia de la Economía Solidaria es evidente que entre 2018 y 2019, en el sector vigilado que pertenece al Nivel 1 de supervisión, el exceso de liquidez se materializó en una ganancia de entre uno y dos puntos porcentuales en la participación del disponible y las inversiones respecto al total de cartera.

Si se multiplica dicho exceso de liquidez por el diferencial de tasas que existe entre el rendimiento promedio de la cartera y el rendimiento promedio de las inversiones (cercano a 10 puntos porcentuales) se concluye que el costo de oportunidad del exceso de liquidez le ha costado al sector cerca del 5% de sus excedentes.

Si bien es cierto que ese 5% no da para rasgarse las vestiduras, mal haría el sector en despreciar este desequilibrio en el crecimiento de las fuentes y los usos. En realidad, el análisis del estado de resultados pone de manifiesto que la problemática es más profunda y que el sector se enfrenta a un cambio de paradigma.

El examen del estado de resultados revela una verdad que no gravita en el imaginario sectorial y que consiste simplemente en que la tasa de interés del crédito de consumo hace rato dejó de ser fija. Así, la tasa implícita de rendimiento de la cartera de consumo acusa una tendencia decreciente que no alcanza a ser compensada por la reducción del costo de fondeo dada la rigidez a la baja que caracteriza al gasto administrativo.

En la estructura financiera típica de una cooperativa el rendimiento del 16% que genera la cartera es consumido en un 50% por el gasto administrativo y en un 25% por el costo del fondeo. De estas cifras fácilmente se colige que el gasto de administración duplica el costo del fondeo y que por lo tanto no basta con reducir el costo de la mezcla de depósitos para sostener la rentabilidad de la operación.

En otras palabras, la coyuntura vivida durante los dos últimos años ha generado una reducción inesperada en la tasa de rendimiento del principal activo de las cooperativas, en tanto que los aumentos del salario mínimo y la indexación que estos producen sobre las demás erogaciones han generado aumentos atípicos en el principal gasto de las entidades.

Si a ello se suma que esta dinámica se ha acompañado por el surgimiento de excesos de liquidez y por un mayor cargo por deterioro resultante de las iniciativas que ha implementado la Superintendencia de la Economía Solidaria para lograr una mejor revelación del riesgo de crédito, es indudable que el modelo de negocio se encuentra bajo presión.

La importancia de entender la nueva realidad

Más allá de la ralentización que experimente el crecimiento del excedente operacional y final y bajo la expectativa de la publicación de los informes oficiales sobre el desempeño sectorial del año 2019, cuyos resultados se desconocen al momento de escribir esta nota, creemos que la dirigencia cooperativa debe interiorizar el cambio de paradigma en las tasas de causación de intereses de la cartera de consumo.

En la esfera macrofinanciera no es claro que la tasa de interés de la cartera de consumo haya tocado fondo (ver sección “La cifra”) y por lo tanto no se puede descartar que a lo largo del 2020 se prolongue su tendencia declinante. En la órbita microeconómica es claro que bajo la presión que ejercen las compras de cartera del asociado por parte del sector financiero tradicional, junto con las campañas de “retanqueo” de los cupos de crédito a tasas de interés competitivas, se auspicia un quiebre estructural en la tasa de interés del crédito de consumo.

Bajo este nuevo escenario de tasa de interés variable y decreciente, el desempeño del modelo de negocio cooperativo se vuelve críticamente dependiente de la capacidad que tengan las entidades para reducir su gasto controlable (de fondeo y administrativo) en un contexto de posible elevación del gasto no controlable (regulatorio). No entender esta nueva realidad pone en entredicho nada menos que la competitividad del sector. Los actuales excesos de liquidez hablan por sí solos.