LOS RETOS DE UN MODELO DE PÉRDIDAS ESPERADAS PARA EL SECTOR DE ECONOMÍA SOLIDARIA

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Jaime Jeisson Díaz,
Integrante del equipo de consultoría de Riesgo de KPMG.

 

 

 

 

 

 

 

Contexto

En abril del 2020 la Superintendencia de Economía Solidaria (SES) ha emitido un proyecto de norma correspondiente a modificaciones a la Circular Básica Contable y Financiera referente al Sistema Integral de Administración de Riesgos (SIAR) enfocado al apartado de Administración de Riesgo de Crédito (SARC)

¿Que es el SARC?:

Corresponde al Sistema de Administración de Riesgo de Crédito que las organizaciones deben implementar para identificar, medir, controlar y monitorear el riesgo de crédito al cual se encuentran expuestas en el desarrollo de sus actividades de otorgamiento y gestión de créditos.

En el ámbito de aplicación del proyecto de norma en mención, las Entidades solidarias vigiladas que tengan cartera de crédito deben establecer un SARC que contenga políticas y procedimientos claros y precisos en términos de control de su riesgo crediticio; este sistema está sujeto a la supervisión permanente e integral de la SES. La implementación de un SARC conlleva varios retos en términos operativos, tecnología, procesos, pero principalmente en la gestión de riesgo de crédito y cobranza dado que requiere que la organización se sincronice en pro del cumplimiento, no solo normativo, si no de las directrices de la asamblea o equivalente a junta directiva; es por ello que el SARC da la oportunidad de profundizar sobre el conocimiento del mercado y de sus asociados, el modelo de negocio de la entidad, oportunidades comerciales y el apetito al riesgo de la entidad.

Uno de los aspectos más relevantes de la norma de la SES es la incorporación del concepto de pérdida esperada que no es más que el monto que la organización considera que puede deteriorarse una operación o cliente acorde con una serie de variables como son la probabilidad de incumplimiento, la recuperación, la pérdida dada el incumplimiento y la exposición, conceptos que deben ser aplicados por medio de dos vías, el primero el modelo de referencia para las modalidades de consumo con libranza, consumo sin libranza y comercial, o por medio de modelos internos donde las organizaciones solidarias pueden diseñar y adoptar acorde con el comportamiento propio de sus carteras.

La implementación de un modelo de pérdida esperada normativo o interno conlleva varios retos dado que se busca reflejar el riesgo crediticio de la cartera, y uno de sus principales retos se da en términos tecnológicos y de procesos, teniendo en cuenta que su adaptación requiere el uso de información histórica de los asociados y sus operaciones, así como de los procesos de cobro y pago, y la información socioeconómica de cada cliente; esto requiere que al momento de realizar la implementación de la herramienta tecnológica se tenga en cuenta la adaptación con bases de datos, core contable, o repositorios de información que la entidad cuente para poder lograr una implementación adecuada.

Adicionalmente, se recomienda que en la construcción de un modelo de pérdida esperada se tengan en cuenta aspectos como:

Comportamiento y tiempo de pago de deuda

Garantías dadas en las operaciones de crédito

Score o puntajes internos de calificación de clientes

Tipo y características de los asociados y clientes

Con lo anterior se busca reflejar de mejor forma las características propias de cada cliente y de su cartera lo cual se incorpora a través de modelos de otorgamiento, seguimiento o de su proceso de recuperación.

Complementando la pérdida esperada, el proyecto de norma contempla la definición y aplicación de pruebas adicionales e incorporación de evaluaciones de correlación entre el perfil de riesgo de los deudores y los ciclos económicos, esto con el propósito de generar alertas ante desaceleraciones económicas. La SES da como ejemplo la evaluación efectuada entre el comportamiento histórico de la cartera frente a ciclos económicos que ha tenido el país en relación con los nichos de mercado en los cuales opera la organización solidaria; esto implica que las organizaciones solidarias deben implementar ejercicios estadísticos que soporten estas evaluaciones sobre la manera en que los ciclos económicos afectan a sus asociados. recomendamos en tal caso manejar técnicas como son las regresiones lineales, pruebas de correlación y técnicas de series de tiempo que permitan identificar comportamientos entre la cartera de créditos y las principales variables macroeconómicas que potencialmente impacten el nivel de riesgo crediticio de sus clientes.

Recomendaciones

Un proceso de implementación de un modelo interno o adoptar los desarrollados por la SES requiere un proceso de gestión de modelos, donde se permita evaluar la estabilidad y consistencia de los modelos, así como su correcta aplicabilidad. Es por ello que se recomienda:

» Análisis de sensibilidad y pruebas de consistencia de los modelos a través de evaluaciones de marginalidad de los mismos para capturar cambios en la estabilidad de parámetros y de sus resultados.

» Incorporación de escenarios de estrés con el objetivo de comprobar la robustez y elasticidad del modelo ante escenarios adversos, de una o varias variables, a través de pruebas a la magnitud de los parámetros y verificación de los resultados de los modelos estresados.

» Ejecución de pruebas de backtesting para asegurar un correcto funcionamiento y consistencia de los resultados en el tiempo. Algunas pruebas efectuadas corresponden a pruebas KS, AUC, Gini, matrices de confusión y pruebas de suficiencia de provisión.

Con base en las consideraciones anteriores, se recomienda que las compañías solidarias vigiladas tengan en cuenta en todos los ciclos del crédito, el proceso de transformación digital que se vive en la actualidad con respecto a los nuevos canales de otorgamiento y gestión de créditos, manteniendo el cumplimiento de los niveles de exposición de riesgo aceptados por la Entidad y el cumplimiento de las políticas y procesos de custodia documental y generación de reportes internos y externos alineándose a los requerimientos del proyecto de norma de la SES; para ello un proceso interno de adaptación del concepto de apetito al riesgo puede ser una alternativa prudente de incorporación adecuada de un SARC.

Por otro lado, se espera un aumento en las provisiones/ deterioro de la cartera de créditos, considerando una mayor acidez dada la incorporación del concepto de pérdida esperada y los niveles mínimos exigidos por la norma (1% de deterioro sobre el total de la cartera de créditos bruta), teniendo la potestad de constituir un deterioro general superior al mínimo exigido con la respectiva aprobación del consejo de administración o la junta directiva.

Finalmente, se esperan nuevos reportes generados dados los nuevos escenarios de análisis a cargo de las entidades solidarias, como consecuencia de las nuevas calibraciones de los modelos de apetito de riesgo y redefinición de estrategias, considerando los nuevos análisis estadísticos y nuevos procedimientos de estimación de las pérdidas crediticias esperadas y medición del riesgo crediticio; por ello un correcto plan de implementación, que desde el principio integre los procesos tecnológicos, contables, riesgos, auditoría y financieros, permitirá surtir una implementación de forma efectiva y eficiente.

Escrito por: Brayan Rojas, Director Financial Risk Management & Actuarial Services Risk Consulting KPMG Advisory Services y Jaime Jeisson Díaz, Integrante del equipo de consultoría de Riesgo de KPMG.