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Edición No.3 - mayo 2020 Retos post-pandemia

Retos post-pandemia

EDITORIAL Edición No. 3 -  mayo de 2020    
Ricardo Durán Romero - Director Revista Ciclo Solidario  -  www.ciclosolidario.CO

Más allá de los avatares del momento, el cooperativismo financiero debe proyectar el futuro cercano para comprender la forma como va a evolucionar el riesgo financiero de las entidades. No hacer esta proyección impediría que las entidades...

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Edición No.3 - mayo 2020 Retos post-pandemia

Retos post-pandemia

EDITORIAL Edición No. 3 -  mayo de 2020    
Ricardo Durán Romero - Director Revista Ciclo Solidario  -  www.ciclosolidario.CO

Más allá de los avatares del momento, el cooperativismo financiero debe proyectar el futuro cercano para comprender la forma como va a evolucionar el riesgo financiero de las entidades. No hacer esta proyección impediría que las entidades adoptasen de manera inmediata las medidas anticipadas que las pueden proteger en una post-pandemia cruel y traicionera.

Lo primero que hay que entender es que la estructura química del Covid-19 y del riesgo financiero muta a medida que transcurre el tiempo. La pandemia genera en su fase temprana un enorme riesgo de liquidez que surge de la rigidez de los gastos y costos administrativos en pleno desplome de las ventas y de los ingresos operacionales.

Dicha explosión del riesgo de liquidez fue atacada por las autoridades económicas dentro del ámbito de sus respectivas competencias. El Banco de la República actuó con prontitud al incrementar el cupo de repos al sistema financiero, el gobierno amplió la capacidad de cubrimiento de Fondo Nacional de Garantías, habilitó facultades de banco de primer piso a los bancos de segundo piso, subsidió los pagos de nóminas de algunas empresas y la Superfinanciera bendijo un conjunto de alivios temporales que protegen la calificación del deudor frente a un reperfilamiento masivo en el plazo de las operaciones de crédito, para tan solo citar algunos ejemplos.

Sin embargo, todas ellas son medidas temporales cuyo desmonte dará origen a un cambio en el riesgo financiero en el que perderá preponderancia el riesgo de liquidez a cambio del surgimiento de un riesgo en el modelo de negocio de las entidades financieras en general y del cooperativismo financiero en particular.

Este riesgo post-pandemia aflorará en el tercer trimestre del año, tan pronto culmine el período de ficción contable de 120 días que generan los alivios. La finalización de los períodos de gracia y la normalización de la recuperación de cartera incrementarán la cartera vencida a niveles sin precedentes, a la vez que se hundirán los saldos de cartera ya sin la magia contable del traslado de las cuotas de amortización de los créditos.

En el cuarto trimestre de 2020 el aumento en el índice de calidad de cartera se dará tanto por el desplome del denominador como por el incremento del numerador y los cargos por deterioro le asestarán un duro golpe al estado de resultados en un contexto de reducción de las tasas de interés del crédito de consumo.

La competencia de la banca tradicional arreciará una vez el sector financiero tradicional se percate del desplome de los saldos con una recuperación de cartera normalizada y con un paupérrimo nivel de desembolsos producto del desplome de la demanda agregada y del financiamiento de bienes de consumo durable.

Ya entrado el 2021, la indolencia del gasto administrativo ensombrecerá aún más el panorama de rentabilidad bajo la palanca del aumento del salario mínimo en una negociación difícil dadas las enormes presiones derivadas de la colosal destrucción de empleo y del aumento de la pobreza en el período anterior.

Por las razones anotadas es imprescindible que el cooperativismo financiero de inmediato tome acciones tempranas a fin de aminorar los efectos postpandemia. Este ejercicio se inicia con un recalculo del presupuesto que incluya en primera instancia una posible reducción del saldo de cartera a lo largo del 2020.

La información del Banco de la República muestra, por ejemplo, que al corte del 24 de abril la cartera de las cinco cooperativas vigiladas por la Superfinanciera ya comenzó a contraerse respecto al saldo de cierre de diciembre de 2019. También muestra que el crédito de consumo del sector financiero tradicional trae un aumento del 1.3% en lo corrido del año, por debajo del crecimiento del 2.9% que registró en los cuatro primeros meses de 2019.

Así mismo y con apenas seis semanas de impacto del coronavirus, la tasa de crecimiento anualizada de la cartera de consumo calculada por el Banco de la República muestra una expansión de apenas 4.8% en 2020 no obstante que la recuperación de cartera está congelada por los alivios otorgados.

Esta, que es la cuota inicial del desplome del saldo de la cartera de consumo y que sin duda alguna se va a profundizar a medida que transcurra el año, debería llevar a las entidades a estimar la caída probable en su saldo de cartera al cierre de 2020.

La proyección tampoco debe desconocer la reducción esperada en las tasas de interés del crédito de consumo. Dado que los recortes en la tasa de interés del Banco de la República tardan cerca de un año en impactar toda la estructura de tasas, está cantado que en los inicios de 2020 los desembolsos de créditos de consumo tendrán que hacerse con tasas de interés inferiores entre 1.5 y 2.0 puntos porcentuales frente a las actuales.

Si las cooperativas no incorporan en sus presupuestos la caída en el saldo de cartera y la reducción en las tasas de interés de los desembolsos en un horizonte de 12 meses, no estarán en capacidad de comprender el efecto que producen ambos fenómenos sobre los ingresos de causación de cartera. Grave omisión si se tiene en cuenta que en promedio éstos explican el 82% de los ingresos totales de las entidades solidarias que ejercen o prestan servicios financieros.

Establecido el impacto sobre los ingresos de causación de cartera, las entidades deben tener una idea preconcebida del cargo por deterioro futuro. Al respecto se deberían contemplar escenarios con índices de cartera vencida que aumenten entre 50% y 100% con un nivel de cubrimiento de cartera riesgosa que no disminuya respecto al registrado a diciembre de 2019, pues no tendría sentido disminuir la protección de la cartera en un contexto de fuerte aumento en el riesgo de crédito. Si se hace este ejercicio las entidades entenderán que este es el factor que más va a impactar la rentabilidad futura.

Cuantificada la reducción probable en los ingresos de causación de cartera y el mayor cargo por deterioro, se debe proceder a proyectar el excedente operacional, entendiéndose que las entidades que liquiden pérdida requieren un ajuste inmediato de los gastos controlables como una acción temprana para moderar los impactos post-pandemia.

Se entiende por gastos controlables,  los costos de fondeo y los costos administrativos que dependen de la voluntad de la cooperativa y que a diferencia de los cargos por deterioro, sí se pueden gestionar. En este sentido, será mandatorio revisar las tasas de los productos de captación, en especial si las entidades reportan excesos de liquidez, situación que además ayudaría a equilibrar el tamaño del pasivo con costo frente al tamaño del activo productivo.

En relación con los gastos administrativos, se debe entender que estas partidas son las que generan mayor rigidez a la baja en las tasas de interés de la cartera y por consiguiente son las que hacen que las cooperativas pierdan competitividad frente a la banca. La política de austeridad en los gastos generales aporta mucho para rescatar la competitividad que viene perdiendo el sector desde el año 2017 y sin lugar a dudas contribuiría a moderar la pérdida probable de rentabilidad en la post-pandemia.

Análisis privados sugieren que en un escenario severo en el que la tasa de desempleo urbana se incremente a niveles del 18% o 20% puede llevar a que en promedio las cooperativas de ahorro y crédito especializadas,  y las cooperativas multiactivas e integrales con sección de ahorro y crédito se acerquen al punto de equilibrio en la post-pandemia.

Esto significa que las que generen pérdidas operacionales y las que lleguen al punto de equilibrio no estarán en capacidad de generar capital propio, no podrán revalorizar los aportes sociales ni tendrán como alimentar los fondos sociales con un claro patrón de debilitamiento del modelo de negocio de una organización solidaria.

Más preocupante aún es señalar que los fondos de empleados pequeños que pertenecen al tercer nivel de supervisión de la Supersolidaria, liquidarían como sector, pérdidas operacionales por un monto cercano al 1% de la cartera bruta en el escenario severo. Ello debido a que en estas organizaciones el 78% del rendimiento implícito de la cartera es consumido por el gasto administrativo y por lo tanto no cuentan con margen de maniobra para lidiar con la post-pandemia. (Ver sección Coopmetrics/ tercera edición: El riesgo de los fondos de empleados pequeñoswww.ciclosolidario.CO