El riesgo de los fondos de empleados pequeños

El riesgo de los fondos de empleados pequeños

Por: Ricardo Durán - Director Ciclo SOLIDARIO

En Colombia la industria de los fondos de empleados congrega a cerca de 1.400 organizaciones que agrupan a un poco más de un millón de asociados con una estructura altamente heterogénea en términos del tamaño de las entidades y respecto a los diferentes subsectores económicos en los que se desenvuelven las empresas contraparte.

En relación con el tamaño, mientras que los activos promedio de los fondos de empleados grandes del primer nivel de supervisión de la Superintendencia de la Economía Solidaria fueron de $63.683 millones al corte de diciembre de 2019, los correspondientes al segundo nivel fueron de $10.753 millones y en el tercer nivel fueron de $1.300 millones.

Si bien es cierto que los fondos de empleados son estructuralmente sólidos por la elevada penetración de las libranzas, la alta calidad de la cartera y el fondeo de largo plazo que otorga el ahorro permanente, su riesgo financiero varía significativamente en función del tamaño de las entidades y del riesgo sectorial de la contraparte.

Los fondos de empleados pequeños - que son algo más de 1.000 entidades que congregan a casi 300.000 colombianos – están doblemente expuestos a los riesgos de crédito propios de su actividad y baja escala de operación y a los riesgos que enfrenta el subsector económico al que pertenece la empresa contraparte quizás como en ningún otro momento de nuestra historia.

Preocupa que el punto de partida para estas entidades ya era débil en el preámbulo de la pandemia. En 2019 cerca del 10% de los fondos de empleados pequeños registró pérdidas, en tanto que esa proporción fue del 5% en los fondos de empleados del primer nivel de supervisión y del 1% en los que pertenecen al segundo nivel.

Sus excesos de liquidez eran significativos. Crecimientos del orden del 16% en el disponible, del 11.5% en las inversiones y del 5.8% en la cartera de créditos a las claras mostraban la dificultad para evitar costos de oportunidad que en 2019 llegaron a representar el 9.4% de los excedentes.

La rentabilidad también venía diezmada no obstante que este segmento cobra tasas de interés relativamente elevadas en el contexto de los fondos de empleados de mayor tamaño. Su tasa implícita de cartera de 14.9% al cierre de 2019 divergía del 11.7% de los fondos del primer nivel y del 13.2% de los fondos del segundo nivel de supervisión.

La rigidez a la baja en las tasas de interés y la consecuente formación de los costos de oportunidad derivados de los excesos de liquidez responde a una estructura administrativa costosa pues en este subsegmento de fondos pequeños el gasto administrativo consumió el 78% de los ingresos de causación de la cartera, muy por encima del estándar del 60% en los fondos del segundo nivel y del 50% correspondiente a los del primer nivel de supervisión.

 

Como resultado de estos factores las entidades terminaron en 2019 en una situación cercana al punto de equilibrio, toda vez que los costos y exigencias de un modelo solidario que forme capital propio y revalorice el capital social expresados como proporción de la cartera (14.5%) prácticamente se igualaron con la tasa de rendimiento de la cartera (14.9%).  

Por las razones citadas, es obvio que bajo un escenario de post-pandemia signado por el repunte de la tasa de desempleo, mayor morosidad de cartera y reducción de las tasas de interés del crédito de consumo, este es el eslabón más débil de la cadena y por lo tanto es el que debe merecer mayor atención por parte de las autoridades.

Al fin y al cabo allí están comprometidos al cierre de 2019 activos por $1.2 billones, cartera por $0.8 billones, depósitos por $0.6 billones y aportes sociales por cerca de $0.4 billones acumulados por cerca de 300.000 asociados en algo más de mil entidades.

Los escenarios que han planteado algunos analistas en el horizonte de los próximos 12 meses indican que los fondos de empleados pequeños, como sector, podrían liquidar en promedio pérdidas operacionales que pueden llegar a representar el 0.5% de la cartera bruta en un escenario moderado y el 1% de la misma en un escenario severo que asume una tasa de desempleo urbana que puede llegar al 18% o 20%.

Naturalmente, este ejercicio debe atemperarse con el riesgo del subsector económico al que pertenezca la empresa contraparte. Si se hace esta diferenciación se concluye que en Colombia cerca del 30% de la base social está vinculada a un fondo de empleados cuya contraparte opera en una rama económica con elevado riesgo sectorial en la pandemia.

Particular foco se debe poner en los fondos de empleados pequeños con contrapartes sectorizadas en las ramas de servicios profesionales, servicios logísticos, sector petrolero, textiles, cueros y caucho, sector cementero, juegos de azar, comercio al detal e industrias varias, pues en estas actividades se concentra un nivel relativamente alto de asociados.

Hacemos este llamado con el ánimo de precaver una situación cuya gravedad puede atenuarse si de manera inmediata se adopta un plan de choque que reduzca los gastos administrativos y los costos de fondeo de las entidades.

También el sector está a tiempo de explorar alternativas de fusión o incorporación de fondos de empleados con contrapartes afines que diluyan el enorme peso del gasto administrativo y que genere las economías a escala que nunca han tenido en razón del reducido tamaño tanto del fondo de empleados como de la empresa contraparte.